Parece ser que a Bustelo no le ha gustado mucho
el post anterior. Espero que Antonio Martín no se tome a mal el pasodoble de este post. Lo he escrito con todo el cariño; pero, antes de ver el pasodoble, sería necesario recordar, a pesar de que son bastente conocidos, algunos hechos.
En los años 50,
Paco Alba eleva la calidad de las chirigotas gaditanas. La eleva hasta tal punto (incorporación de guitarras, mejora en la afinación de voces, creación de tipos cuidados...) que a lo suyo ya no se le puede llamar chirigota y, por eso, en 1960 los organizadores del concurso deciden conceder un premio nuevo a
Los pajeros de don Paco: el premio de comparsa. La comparsa acaba de nacer y, en los años 60, Paco Alba dominará el concurso en esa modalidad. A finales de los 60 y principios de los 70, despunta un joven autor:
Antonio Martín. Martín gana incluso dos veces el primer premio de comparsas (1970 y 1972); pero son los dos años en que no concursa ninguna comparsa de Paco Alba.
Y llega el concurso de 1973. El día de la actuación en el Falla, canta primero la comparsa de Antonio Martín.
Capricho andaluz suena de maravilla. El público se entusiasma, aplaude, pide bises; y hay bises (entonces estaba permitido): Antonio repite algunas piezas del repertorio. El público pide más bises, pero es ya el momento de la actuación de las
Estampas goyescas de Paco Alba, y el público abuchea a don Paco. No es que no quieran oír a la comparsa de Paco Alba, es que quieren seguir oyendo el
Capricho andaluz de Antonio Martín. Paco Alba, don Paco, abucheado. Al final, Paco Alba llora amargamente y Antonio Martín se lleva el primer premio en comparsas. Por primera vez, Antonio Martín ha derrotado a don Paco. Acaba la carrera de Paco Alba y empieza la de Antonio Martín, que obtendrá muchos primeros premios en los años 80, como, por ejemplo, el de la comparsa
Entre rejas, en 1985.
Vídeo de GuashilandiaHasta aquí, los hechos; ahora, lo que he imaginado: una ficción verosímil y una letra de pasodoble. Imaginemos. Es el año 1959. Antonio Martín, con nueve años, se ha colado en el bar Gavilán de la plaza de la Cruz Verde y, escondido en un rincón, escucha la chirigota
La hueste de don Nuño de Paco Alba. En aquel momento, Antonio Martín se enamora de las músicas y las letras de Paco Alba, y decide que de mayor será autor de carnaval. En 1985, Antonio, que ya es el amo indiscutible del concurso de comparsas, echa la vista atrás y recuerda cómo le apenó que el público abucheara a don Paco en 1973: Antonio quería ganar, pero no así. Y, entonces, Antonio Martín decide escribir una letra que cuente esos sentimientos, una letra para el pasodoble de su comparsa de aquel año,
Entre rejas. Bien, pues esta es esa letra,
ajustada a la música de pasodoble de Entre rejas. Una letra que he escrito poniéndome en la piel de Antonio Martín:
Mientras miro mi plaza querida,
cuando pienso en mi pobre Cruz Verde,
el pasado retorna a la vida
y no hay escena que yo no recuerde.
Escuché con el alma en un puño,
siendo un niño, en el bar Gavilán
el compás de La hueste de Nuño
y sentí que mi patria y terruño
sería el carnaval.
Y una noche dantesca,
y carnavalesca,
lloré en esa cruz.
Cuando di como yesca
a Estampas goyescas
Capricho andaluz.
Yo lloré por don Nuño
y ahogué mis pecados
en el amargo charco
del fondo de un vaso.
Lloraba por el hastío
de saber que a mi don Nuño
lo abuchearon los míos.
Perdóneme, don Paco,
en todo lo que he dicho
no hay truco ni hay trampa.
Y sepa que en el Falla
lo mío fue un capricho
y usted ha dejado aquí su estampa.